Sharon Olds, transformar la vida en arte

“Muchas veces me preguntan dónde se forman mis poemas y nunca sé qué decir, de la misma manera que no sé qué es la imaginación. No soy una poeta intelectual. ¿En los pulmones? ¿En el movimiento físico del brazo? Cuando escribo no tengo la menor idea de lo que estoy haciendo… Cuando los jóvenes poetas me piden consejo siempre les digo lo mismo, que lleven una vida sana, porque el lugar del que procede la poesía es un lugar sano”.

Sharon Olds cuenta que, al principio, cuando empezó a escribir con treinta años, no sabía lo que hacía: escribía pequeños himnos a sus hijos, al que era su esposo, a la sexualidad en sí misma… Con sus poemas quiso cambiar la forma de los himnos religiosos con los que se educó y por eso su poesía no tiene rima ni una estructura rígida. Pero aclara: “Eso sí, mi poesía tiene métrica: cuatro acentos por verso, que de vez en cuando altero. Es el ritmo anglosajón de cuatro golpes fuertes. Me encantaba bailar y salirme de vez en cuando del ritmo, así que en cuanto puedo me salgo de este mismo ritmo, para poder decir no.”

Publicó su primer libro de poemas cuando tenía 37 años. En cada verso se deja ver la experiencia de una mujer que ya se había enamorado muchas veces, había sido madre de dos hijos y había pensado largamente en su familia de origen. Siempre escribió sobre su vida y nunca silenció los detalles más íntimos pero cuando, a los 55 años, su matrimonio terminó, les prometió a sus hijos ya adultos que no iba a publicar nada acerca del divorcio, al menos hasta que pasasen 10 años. Ya era “suficientemente malo para ellos tener una poeta en la casa” .

Madre primeriza

Una semana después de que naciera nuestra hija,
me arrinconaste en la habitación de huéspedes
y nos hundimos en la cama.
Me besaste y me besaste, mi leche desató su
nudo corredizo y caliente a través de mis pezones,
empapó mi blusa. Toda la semana había olido a leche,
leche fresca, agria. Empecé a latir:
mi sexo había sido desgarrado como un trapo
por la corona de su cabeza, me habían cortado con un cuchillo
y cosido, los puntos tiraban de la piel—
y la primera vez que te rompen, no sabes
que vas a cicatrizar, mejor que antes.
Me acosté con miedo y sangre y leche
mientras me besabas y me besabas, tus labios calientes,
hinchados como los de un adolescente, tu sexo grande y seco,
todo tú tan tierno, te inclinaste sobre mí,
sobre el nido de puntadas, sobre
lo rajado y desgarrado, con la paciencia de alguien que
encuentra un animal herido en el bosque
y se queda con él, a su lado
hasta que vuelva a estar entero, hasta que pueda correr de nuevo.

Te recomendamos también esta charla de Filba online, donde Sharon Olds cuenta sobre su infancia, qué le pasa cuando escribe y que busca en la poesía: ” si me emocionan, los poemas están vivos”:

Es una conversación fluida, muy cálida con Inés Garland, que se ve que la admira, que la quiere. En el blog de Eterna Cadencia , Inés dice que “traducir a Sharon Olds ha sido una de las experiencias más gozosas de mi vida literaria. Mi escritura se vio profundamente afectada por ella, por su manera de mirar y sentir, por sus elecciones. Traducir es como visitar la casa del escritor que traducimos y abrirle los cajones y meterse entre su ropa, oler, tocar, tener entre manos la materia que usó.

También es entrar en un estado anterior a la escritura, antes de las elecciones, el momento anterior a que fuera esa palabra y no otra, ese verso y no otro, esa cadencia y no otra. No hago este proceso de entrar al estado pre-verbal conscientemente, pero reconocí que lo hacía cuando John Berger lo describió en un ensayo sobre traducción. Es una selección lenta, a tientas, de una concentración absoluta y, a la vez, de una atención flotante. Las respuestas pueden venir de los lugares más inesperados. Ahí están las palabras en español de algo que entendí perfectamente en inglés pero todavía no traté de decir en mi lengua.

En el proceso la lengua propia tironea como la ropa que me queda chica, las palabras parecen quedar demasiado apretadas o demasiado grandes, chingan, se ven torcidas o deslucidas. De pronto aparece la que puede ser, se acomoda, sí, la miro, la peso, sí, puede ser, es, el verso puede ser, el poema funciona. Y acaba de aparecer una luz que ilumina un rincón apagado de mi propia casa, de mi propia lengua, un rincón del mundo. Otro más que se suma a la experiencia de contarnos los unos a los otros quiénes somos y cómo es para nosotros este mundo al que vinimos a parar.”

Qué disfrutes Sharon Olds.

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1 comentario en “Sharon Olds, transformar la vida en arte”

  1. Ana Costa Mendez

    Me encantó leer sobre Sharon Olds, la verdad es que no la conocía. A la que conozco y es un placer leerla es a Inés Garland. Abrazos, buenísimo todo lo que están haciendo!!

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