Viejo Smoking

Si hay algo que nos gusta de los domingos a la tarde es recibir la newsletter Viejo Smoking de Cecilia Absatz. Es un mail con secciones breves en las que opina sobre lecturas, series, películas y también sobre modales, lo que no le gusta y el uso y abuso que hacemos de ciertas palabras o frases.

Podes estar de acuerdo o no con lo que opina pero siempre te hace pensar, muchas veces te hace reír y, sobre todo, nos hace disfrutar con su estilo de escritura y su mirada incisiva sobre la vida.

¿Quién es Cecilia? Tomamos su presentación de esta nota de Infobae: ” A veces, cuando me definen como “periodista”, digo que sí, para resumir. Pero no lo soy exactamente porque no me gusta preguntar. Cuando entré a revista Claudia era redactora y me llevó mucho tiempo que me dejaran hacer columnas. Me pedían hacer reportajes y no me gustaba, me resultaba impertinente preguntar, prefiero observar y opinar. Hasta que en Siete días, Héctor D’Amico me publicó una y entonces, sí, en Claudia me dejaron hacerlas, me dieron la última página mucho tiempo hasta que me la sacaron, pero me pareció perfecto porque se la dieron a Sara Gallardo. De ahí fui a Vosotras, la dirigía Noemí Carrizo y la jefa de redacción era Laura Ubfal. Noemí me decía una palabra, “lugares”, por ejemplo, y a partir de ahí, escribía la columna, hacía un recorrido. Me gustaba ir a la redacción, ahora no soportaría ir todos los días a un lugar, pero de joven sí me gustaba”.

Compartimos la última entrega de Viejo Smoking y si te gusta podes anotarte acá para recibirla todos los domingos a las 17.59 hs, puntual.

Todas las familias felices se parecen entre sí pero cada familia desdichada… Éste es uno de los comienzos más famosos de la literatura, el de Anna Karenina, de Leon Tolstoi. Por algún motivo todos lo recuerdan. Para muchos la felicidad es tan remota y volátil como una superstición. No lo es. Solo se trata de encontrar la propia definición y su verdadera naturaleza.

La felicidad es una dirección, no un lugar
—Baruj Spinoza

Creo que a mucha gente le cuesta negociar con el concepto de felicidad. No en cuanto a sentirla sino a aceptarla. En general se la entiende como una especie de estado fugitivo; solo se reconocen “momentos” de felicidad. Esta timidez para aceptar la felicidad como una forma de vida y no una eventualidad pasajera tal vez se deba más que nada al pudor. Quién se permitiría hoy sentirse feliz o peor, declararse feliz en voz alta cuando el mundo vive atormentado por tragedias migratorias, virus mortales, asesinatos impunes y otras desgracias. Existe toda clase de argumentos para eludir el concepto de felicidad, razones sociales como las mencionadas y también motivos personales, tal vez inconfesables. Sin embargo ser feliz no debe ser tan difícil como parece. Y tampoco es la postal ingenua que proponen la publicidad y las canciones populares.

Un psicólogo me dijo una vez: “Un neurótico es alguien que quiere algo que no tiene”. Parece una sencillez, pero para mí fue como un hachazo en la cabeza. Me obligó a pensar, a preguntarme qué es lo que en realidad quiero y no tengo. Si uno practica este examen con absoluta sinceridad es una tarea tan ardua como eliminar del placard la ropa que ya no usamos. Una severa auditoría de los propios deseos reordena las prioridades y detecta las zonas de inquietud. Hay respuestas automáticas que vienen empaquetadas desde el fondo de los tiempos, pero la idea es ignorar esos mandatos e indagar en serio. Y entonces, si miro alrededor sospecho que mucha gente hoy es más feliz de lo que cree. Las mujeres, por ejemplo. Más tarde o más temprano encuentran el trabajo que les gusta, se las arreglan para verse bien no importa la edad (cuando no son francamente hermosas y no tienen que hacer nada más que lavarse el pelo), si quieren más dinero se ponen en campaña y lo ganan, si quieren un hijo lo tienen, se enamoran de quien se les dé la gana y ocupan un lugar en el mundo. Se nota. Cuando reclaman un cambio político se juntan de a miles y lo muestran al mundo. Tienen garra. Son felices. No digo todas, pero muchas. Cada vez más.

La felicidad es todo lo contrario, creo, de un estado fugitivo. Es una forma de vida. Eso no significa que desaparezcan mágicamente las dificultades, los disgustos en el trabajo, los fracasos. El bailarín va a seguir practicando aunque le duela el tobillo, el diseñador no duerme para llegar a tiempo con su entrega, el escritor se desespera porque no logra avanzar. La escritura es un buen ejemplo. Cuando uno lee algo que otro escribió parece fácil, pero no lo es. Escribir un libro tiene grandes zonas de dolor e incertidumbre: puede uno perderse en un bosque de palabras y no encontrar la salida. Incluso no encontrar el sentido. Dudar, sin embargo, es una buena forma de control de calidad. En cambio puede ser peligroso sentirse siempre seguro.

La escritura se mete en la sangre, escribir es difícil y a veces duele. Sin embargo nada se compara con lo que se siente al terminar un trabajo, cuando está bien hecho. Plenitud. A pesar de las dificultades, a pesar del costo, visto en perspectiva cada minuto fue un minuto de felicidad.

Odio todo

Odio la sensación de impotencia que se siente cuando no te atienden el teléfono. La compañía de electricidad cuando se corta la luz. La de teléfonos cuando descubrís un error en la factura. Las empresas en las que todo el mundo está en reunión, siempre. Y sobre todo las que tienen una grabación con diferentes opciones que no son las que te conciernen y donde no se logra jamás hablar con un ser humano. Lo peor es que romper el teléfono a patadas no resuelve nada.

Palabras

Días atrás un amigo me preguntó, con todo respeto, por qué en el cierre del Viejo Smoking anterior (Yo era un hombre de Jane Austen) puse “¿Han visto los lapachos en flor?” en lugar de “¿Vieron los lapachos en flor?” Tal vez la frase le pareció afectada.

Punto uno, no eran lapachos sino palo borrachos, como Beatriz Del Giovaninno, una lectora, tuvo la amabilidad de corregirme. Me confundieron los troncos, que en la avenida 9 de Julio no se ensanchan en la base como vemos en su figura clásica. Parece que hacen eso para acumular agua por si les toca una sequía, y parece también que son primos del baobab, un árbol que a cada rato aparece en los crucigramas.

Y punto número dos, las dos expresiones no significan exactamente lo mismo. Vieron, el pretérito indefinido, se refiere a una acción que ocurrió en el pasado. Han visto, el pretérito perfecto, indica una acción que comenzó en el pasado pero pudo haberse extendido, incluso hasta el presente.

Es decir, si no han visto los palo borrachos en flor, todavía están a tiempo.

Qué hay para ver

Varias compañías se complotaron, la Universal entre ellas, para producir una nueva versión de uno de los grandes clásicos de la televisión: la serie británica Prime Suspect.La versión original está protagonizada por la gran Helen Mirren (Dame Helen Mirren) en el papel de Jane Tennison. Entre 1991 y 2006 Tennison mostró la entereza necesaria para ganarse su lugar en la comisaría de Southampton Row, una zona ficcional de Londres. Sus colegas, todos varones, fueron bastante hostiles con ella y lo que es peor, a partir de la cuarta temporada tuvieron que trabajar a sus órdenes, cuando fue ascendida a Inspector. Superintendent, sin género en inglés. La ascendieron por su manera de trabajar, incansable y sin concesiones. Sobria y de pocas palabras, con su traje negro y sus impecables camisas blancas, Mirren construyó un personaje que inmortalizó una de las mejores series de la historia de la televisión.

Ahora estas compañías estadounidenses tuvieron el coraje de presentar su propia versión, con el mismo título y Maria Bello en el papel de Jane Timoney, casi casi. No entiendo cómo se atreven. Aunque se anunció como un estreno, la Prime Suspect neoyorkina es una serie de 2011, cuando todavía era verosímil el grosero maltrato de sus colegas varones. Nadie se atrevería a proponer algo así en este momento. Timoney es ambiciosa de otra manera, tal vez más evidente. Por motivos que se desconocen siempre está de mal humor y abusa de la réplica venenosa como una versión malograda de Mel Gibson. Y todavía no hablé de su estilo para vestir. Por alguna razón que escapa a mi imaginación más aventurada usa un sombrero fedora que invariablemente la pone en ridículo. Sus anteojos tampoco tienen explicación. Y como si todo esto fuera poco, masca chicle.

Los casos, lejos de la complejidad y los laberintos por los que se desplazaba el crimen en la versión original, que tomaban dos o tres episodios –por lo menos- para ser desentrañados, los casos, decía, se producen ahora a la manera de las franquicias norteamericanas como La ley y el orden: es decir, un caso por episodio.

Es llamativo que Lynda La Plante, la creadora de la serie original, participe también en esta versión como productora ejecutiva. Tal vez el dinero fue tentador, quién va a juzgarla, pero seguramente sufrió como cualquiera de nosotros.

Jorge Luis Borges

“Uno vuelve de los cocktails con el vago recuerdo de haber sido abofeteado”.

Modales

José María Muscari admitió, en una entrevista, que las toses en la sala del teatro son una señal. Podría ser una reacción ante cierta escena perturbadora, por ejemplo, pero cuando las toses no cesan, aquí y allá, indican de un modo inexorable que algo en la pieza no funciona. Es diferente cuando alguien en la sala tiene tos. Tal vez es una gripe, no sabemos. Lo cierto es que tose y tose. Devora el silencio, invade el escenario; los actores tratan de seguir adelante y ruegan que no se quiebre el clima que han estado elaborando. El público comienza a irritarse, sobre todo porque es imposible chistar a una persona que tiene tos, es evidente que no lo puede evitar. Todos en la sala estamos sufriendo, no hay solución.

Es decir, habría una solución posible si la persona que tose, en un acto de extrema generosidad hacia el prójimo, se marchara de una vez.

Con esto me despido hasta el domingo.

En lo personal creo que estoy geográficamente protegida de las festividades del Carnaval.

Doy gracias al Cielo por eso.

Les deseo lo mejor,

Cecilia


Este verano en Nau estuvimos muy bien acompañadas por lecturas que disfrutamos mucho.Por eso queremos compartir estos libros con vos y haremos el último sorteo veraniego. Así de fácil: sólo tenés que seguirnos en Facebook o Instangram y estar anotada en nuestro newsletter: www.nauexperiencias.com/newsletter. Hay tiempo hasta el 29 de febrero. Suerte!

Sorteamos tres libros:

? Estás muy callada hoy, de Ana NavajasAtrapada en la mitad de la vida, la narradora de este diario ficticio, o de esta ficción del yo, no encuentra su propio deseo. Es, a la vez, hija, esposa, hermana, madre de tres y huérfana. Pero, ¿quién es ella, ella sola, sin tener que ocuparse de nadie, ni del perro?. La escritura aparece como el lugar donde sucede esa pregunta.

☀️ Enero, de Sara GallardoEnero, la primera novela de Sara Gallardo, es una obra breve y poderosa. Nefer, su protagonista adolescente, vive y trabaja con sus padres y su hermana en el puesto de una estancia donde ordeña vacas en el tambo. Los días rutinarios del verano se suceden en aparente calma entre la peonada, pero en Nefer crece una angustia como un grito desesperado y silencioso.

? La uruguaya, de Pedro MairalEncandilado por el recuerdo de un verano anterior y agobiado por un matrimonio que se resquebraja, Lucas Pereyra sueña con escaparse y no volver. ¿Con quién se va a encontrar? Montevideo, esa ciudad idealizada por la distancia, se volverá impredecible.¿Cuál te gustaría ganar?

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